El mercado de Owino no duerme nunca. Avanzar en él puede ser una empresa difícil si no se está acostumbrado al movimiento y confusión generada por el grito de los vendedores y el paso de camiones, carretas y cargadores entregando mercancía. Una puede encontrar desde alimentos, hasta artículos de aseo y limpieza, ropa, zapatos, discos. En las diferentes secciones de este mercado de microempresarios se llevan a cabo proyectos para llamar la atención e informar sobre el VIH/SIDA. Sigo de cerca al oficial de crédito de Opportunity Uganda para no perderme en este laberinto. Tras dar una larga vuelta nos encontramos con una de sus clientas, quien acepta ser entrevistada.
Dentro de poco empezará la construcción del nuevo mercado quien tendrá mejores facilidades para los microempresarios. Muchos de ellos seguirán en sus mismos puestos que compraron años atrás. Se toman las últimas fotos y regresamos en medio del movimiento a las oficinas de Opportunity Uganda, donde me reúno con los participantes de los demás grupos para almorzar juntos. Las visitas grupales de este viaje de estudio han terminado y sólo queda tener las presentaciones grupales esta tarde así como la evaluación de los participantes. Pero antes, nos dirigimos juntos a un restaurant para degustar, tal vez por última vez para muchos, el matoke, ugali u otras comidas típicas de Uganda. En secreto anhelo que también haya esa deliciosa salsa de maní (groundnut) a la que no me puedo resistir. ¡Buen provecho!
lunes, 8 de marzo de 2010
jueves, 4 de marzo de 2010
Un safari sorpresa
No nos costó mucho ponernos de acuerdo en tomar la carreterra de Fort Portal a Kampala que pasa por el parque nacional Queen Elizabeth. Habiendo partido a media mañana, mis esperanzas de ver animales en su ambiente natural se reducía a ver tal vez a un par de antílopes. Tras cruzar la marca del Ecuador, no duró mucho hasta ver los primeros antílopes. Cual sería mi sorpresa que desde la carretera pudimos ver hipopótamos nadando a lo lejos en una laguna volcánica. Y a cada momento veíamos otros animales más: búfalos, jabalíes y ¡hasta elefantes! quienes tranquilamente se encontraban en grupos muy cerca de la carretera y poblados. Ya estaba casi a punto de quedarme dormida cuando vi a un grupo de zebras y desperté a los demás.
La emoción de haber podido ver a estos animales tan de cerca no disminuyó aún cuando el viaje de regreso tomó finalmente once horas y media en vez de las siete horas que estaban previstas. Este safari sorpresa valía el retraso.
La emoción de haber podido ver a estos animales tan de cerca no disminuyó aún cuando el viaje de regreso tomó finalmente once horas y media en vez de las siete horas que estaban previstas. Este safari sorpresa valía el retraso.
miércoles, 3 de marzo de 2010
Una maratón de visitas
Temprano por la mañana recogimos a Winnie Tumwesigye, oficial de crédito de HOFOKAM, quien nos acompañó durante las visitas. El programa era intenso pues incluía visitas a cuatro bancos comunales y dos clientes, todos ellos bastante alejados de Fort Portal, en la zona de los lagos volcánicos en el distrito de Kabarole.
Llegar a los bancos comunales no fue fácil pero valió la pena. El camino era estrecho y accidentado, y el suelo afirmado se había convertido en barro debido a la lluvia. No obstante, el paisaje verde y la tierra naranja le daban un toque cálido.
Llegar a los bancos comunales no fue fácil pero valió la pena. El camino era estrecho y accidentado, y el suelo afirmado se había convertido en barro debido a la lluvia. No obstante, el paisaje verde y la tierra naranja le daban un toque cálido.
martes, 2 de marzo de 2010
Un plan de negocios de éxito
Moses Nyakoojo tiene 38 años. A pesar de su edad tiene la madurez y experiencia de un hombre de negocios de amplia trayectoria. En su granja, cría más de 120 cerdos lo que le permite darle una vida digna a su familia compuesta por su esposa y ocho hijos. Nadie hubiera imaginado todo este éxito en 2000, cuando Moses empezó este negocio con sólo un cerdito que le tenía en su plantación de plátanos. Hoy en día, Moses tiene un criadero de cerdos, continúa cultivando plátanos y tiene un vaca, además de muchos sueños y un orgullo bien ganado de quien ha luchado para salir adelante... con el apoyo de HOFOKAM.
En 2006, Winnie visitó a Moses por primera vez para iniciar el proceso de solicitud de crédito. Entonces, Moses sólo tenía 30 cerdos. Su primer préstamo de 500 000 UGX (unos 179 euros) fue invertido en comprar alimentos y construir corrales. Hoy en día, Moses tiene un préstamo por 3 000 000 UGX (unos 1072 euros) con el que piensa comprar lechones y suplementos para su negocio. Gracias al entrenamiento recibido de Winnie, Moses aprendió contabilidad básica y últimamente hizo un plan de negocios el que tiene como objetivo crecer y expandirse para criar gallinas, vacas y llegar a tener 300 cerdos. Moses está muy agradecido con HOFOKAM y sabe que puede contar con la IMF en el futuro. Sin el crédito o el entrenamiento de HOFOKAM, Moses no hubiera podido desarrollar su negocio a tal punto que ahora emplea a dos jóvenes lugareños.
Se está haciendo tarde y oscuro, pero Moses insiste en mostrar su plan de negocios y presentar a su familia. Orgulloso me entrega el plan y los documentos que acreditan que pagó sus tres préstamos anteriores a tiempo. “Combatir la pobreza en la familia y darle a mis hijos todo lo que necesiten para que puedan tener una buena educación”es la misión de su plan de negocios. Pero Moses no es el único que toma las decisiones. “Mi esposa es mi sub-gerente”, nos confiesa. “Siempre tomamos juntos cualquier decisión sobre el negocio”. Su esposa sonríe desde la entrada de la casa y acepta a posar para la foto junto a Moses quien la abraza con ternura.
En 2006, Winnie visitó a Moses por primera vez para iniciar el proceso de solicitud de crédito. Entonces, Moses sólo tenía 30 cerdos. Su primer préstamo de 500 000 UGX (unos 179 euros) fue invertido en comprar alimentos y construir corrales. Hoy en día, Moses tiene un préstamo por 3 000 000 UGX (unos 1072 euros) con el que piensa comprar lechones y suplementos para su negocio. Gracias al entrenamiento recibido de Winnie, Moses aprendió contabilidad básica y últimamente hizo un plan de negocios el que tiene como objetivo crecer y expandirse para criar gallinas, vacas y llegar a tener 300 cerdos. Moses está muy agradecido con HOFOKAM y sabe que puede contar con la IMF en el futuro. Sin el crédito o el entrenamiento de HOFOKAM, Moses no hubiera podido desarrollar su negocio a tal punto que ahora emplea a dos jóvenes lugareños.
Se está haciendo tarde y oscuro, pero Moses insiste en mostrar su plan de negocios y presentar a su familia. Orgulloso me entrega el plan y los documentos que acreditan que pagó sus tres préstamos anteriores a tiempo. “Combatir la pobreza en la familia y darle a mis hijos todo lo que necesiten para que puedan tener una buena educación”es la misión de su plan de negocios. Pero Moses no es el único que toma las decisiones. “Mi esposa es mi sub-gerente”, nos confiesa. “Siempre tomamos juntos cualquier decisión sobre el negocio”. Su esposa sonríe desde la entrada de la casa y acepta a posar para la foto junto a Moses quien la abraza con ternura.
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Los niños del pueblo
Eran casi las 10 am cuando partimos hacia Fort Portal. El Grupo 1 estaba compuesto por Linde (Alemania), Marianne (Holanda), Don (Canadá), Matthias (Alemania), Judy (Kenia), Jessica (Uganda) y yo. No había pasado mucho desde que habíamos entrado a la carretera asfaltada cuando el motor del auto empezó a hacer un ruido extraño. El ventilador no funcionaba. El chofer se puso a manejar y de rato en rato paraba porque el motor recalentaba. Así llegamos a un pueblito sin nombre donde esperaríamos al mecánico.
Estaba pensando cómo iba a matar el tiempo, cuando vi a un grupo de niños del pueblo entre dos a cuatro años quienes se acercaron a donde nos habíamos sentado para escapar de sol. “¡Mzungu, mzungu!”, gritaban señalándonos (mzungu=gente blanca). Al verles de cerca me di cara a cara con la pobreza extrema que vive en estas zonas rurales. Algunos llevaban chaquetas de invierno que claramente les habían sido entregadas por alguna organización caritativa. Muchos no llevaban zapatitos y sus cuerpitos tenían las huellas de diversas enfermedades, como malnutrición e infecciones, que se podrían curar con medicinas generales básicas. A pesar de esto, sus ojos brillantes llevaban la inocencia propias de su edad. Los cuida una de las madres para que otras puedan trabajar en sus huertas. Sacamos las galletas (stroopwaffels!) que habíamos traído de Holanda y las partimos para convidarles. Tímidos al comienzo, luego se acercaron para recibirlas. Con qué avidez las comían. Poco a poco, unas sonrisitas aparecieron en sus rostros y empezaron a cantar para agradecernos batiendo sus pequeñas manitos. Qué risa les daba mirarse luego en el vídeo que Don había filmado o ver las fotos tomadas por Linde. Me puse a pensar entonces en que aún hay mucho por hacer para combatir la pobreza y la injusticia social que lleva a que existan estas brechas entre los pocos que tienen hasta de sobra y los muchos que no tienen nada. Ante esto no podemos quedarnos de brazos cruzados. Si bien una no puede cambiar el mundo por sí sola, juntos podemos lograrlo. Espero que cuando estos niños lleguen a adultos, tengan oportunidades para que sus hijos no sufran lo que ellos vivieron. Y aquellos que sean portadores del VIH (según nos dijeron), puedan recibir tratamientos que les permitan tener una vida digna. Hay que seguir invirtiendo en las personas.
Estaba pensando cómo iba a matar el tiempo, cuando vi a un grupo de niños del pueblo entre dos a cuatro años quienes se acercaron a donde nos habíamos sentado para escapar de sol. “¡Mzungu, mzungu!”, gritaban señalándonos (mzungu=gente blanca). Al verles de cerca me di cara a cara con la pobreza extrema que vive en estas zonas rurales. Algunos llevaban chaquetas de invierno que claramente les habían sido entregadas por alguna organización caritativa. Muchos no llevaban zapatitos y sus cuerpitos tenían las huellas de diversas enfermedades, como malnutrición e infecciones, que se podrían curar con medicinas generales básicas. A pesar de esto, sus ojos brillantes llevaban la inocencia propias de su edad. Los cuida una de las madres para que otras puedan trabajar en sus huertas. Sacamos las galletas (stroopwaffels!) que habíamos traído de Holanda y las partimos para convidarles. Tímidos al comienzo, luego se acercaron para recibirlas. Con qué avidez las comían. Poco a poco, unas sonrisitas aparecieron en sus rostros y empezaron a cantar para agradecernos batiendo sus pequeñas manitos. Qué risa les daba mirarse luego en el vídeo que Don había filmado o ver las fotos tomadas por Linde. Me puse a pensar entonces en que aún hay mucho por hacer para combatir la pobreza y la injusticia social que lleva a que existan estas brechas entre los pocos que tienen hasta de sobra y los muchos que no tienen nada. Ante esto no podemos quedarnos de brazos cruzados. Si bien una no puede cambiar el mundo por sí sola, juntos podemos lograrlo. Espero que cuando estos niños lleguen a adultos, tengan oportunidades para que sus hijos no sufran lo que ellos vivieron. Y aquellos que sean portadores del VIH (según nos dijeron), puedan recibir tratamientos que les permitan tener una vida digna. Hay que seguir invirtiendo en las personas.
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Finalmente en Fort Portal
La oficina de HOFOKAM queda al frente a la sucursal del Stanbic Bank en Fort Portal. Allí nos esperaba el equipo de gerencia de esta IMF. “Nuestro objetivo es atender a aquellos que no pueden acceder a servicios financieros por no tener colaterales”, dijo Charles Isigoma, el gerente general. Así, ellos usan el modelo de bancos comunales en 14 distritos de la frontera occidental con Congo. HOFOKAM es una IMF de cuarto nivel, pero tienen como planes regularse a corto plazo con el fin de captar los ahorros de sus clientes, quienes ahora deben depositarlos en otros bancos. Charles explicó que la asociación con Oikocredit era obvia pues “buscábamos una institución que comparta la misión y visión de HOFOKAM de contribuir a que las personas de menos recursos puedan salir de la pobreza”.
En las remotas zonas rurales donde opera HOFOKAM el riesgo del sobreendeudamiento es mínimo ya que las IMFs no llegan a estos clientes. La dificultad para llegar a estos lugares hacen que los costos operacionales se eleven lo cual resulta, a su vez, en intereses más altos para cubrirlos.
En las remotas zonas rurales donde opera HOFOKAM el riesgo del sobreendeudamiento es mínimo ya que las IMFs no llegan a estos clientes. La dificultad para llegar a estos lugares hacen que los costos operacionales se eleven lo cual resulta, a su vez, en intereses más altos para cubrirlos.
lunes, 1 de marzo de 2010
Usted no califica para un préstamo, doctor
Brave Tihimbase no es el ejemplo del típico microempresario. Graduado en medicina, Brave es dueño de dos clínicas de salud. Desde su tiempo estudiantil en la universidad, Brave siempre quiso tener su propio consultorio el cual abrió en un cuarto tras graduarse en 2005. “Cuando eres tu propio jefe, puedes trabajar más horas y así tener mayor ingreso”. Luego de unos años, Brave expandió su consultorio hasta convertirlo en una clínica de salud que ofrece servicios de sondeos de ultrasonido, laboratorio, medicina clínica, prueba de VIH/SIDA.
Todo este desarrollo ha sido en muy corto tiempo, como el número de microcréditos que ha recibido. Cinco en total. Todos ellos por cinco millones de UGX y repagados antes del plazo previsto. Con su último crédito compró una silla para el consultorio dental y contrató a dos dentistas.
La clínica ahora emplea a 10 personas entre personal médico (8) y de apoyo (2), aparte de Brave quien tiene un rol gerencial aparte de sus consultas diarias. A pesar del éxito de su negocio, Brave no califica para recibir un préstamo de un banco convencional. “Mi clínica es vista como una caridad porque si una persona vienen nosotros no dejamos de atenderle o le dejamos morir por no tener dinero”. Otras veces los pacientes pagan sus consultas y medicinas por partes. Y esto es visto como riesgo para un banco. Así, si no fuera por el microcrédito, Brave no hubiera podido desarrollar su negocio y hubiera tenido el riesgo de no tener suficiente ingreso.
Esta es una nueva lección en este viaje. Gracias al ejemplo de Brave sé que las microfinanzas sirven a diferentes grupos pero siempre con miras a combatir la pobreza: ya sea empoderando a las personas para salir de ellas, o si no contribuyendo a que no caigan en ella.
Todo este desarrollo ha sido en muy corto tiempo, como el número de microcréditos que ha recibido. Cinco en total. Todos ellos por cinco millones de UGX y repagados antes del plazo previsto. Con su último crédito compró una silla para el consultorio dental y contrató a dos dentistas.
La clínica ahora emplea a 10 personas entre personal médico (8) y de apoyo (2), aparte de Brave quien tiene un rol gerencial aparte de sus consultas diarias. A pesar del éxito de su negocio, Brave no califica para recibir un préstamo de un banco convencional. “Mi clínica es vista como una caridad porque si una persona vienen nosotros no dejamos de atenderle o le dejamos morir por no tener dinero”. Otras veces los pacientes pagan sus consultas y medicinas por partes. Y esto es visto como riesgo para un banco. Así, si no fuera por el microcrédito, Brave no hubiera podido desarrollar su negocio y hubiera tenido el riesgo de no tener suficiente ingreso.
Esta es una nueva lección en este viaje. Gracias al ejemplo de Brave sé que las microfinanzas sirven a diferentes grupos pero siempre con miras a combatir la pobreza: ya sea empoderando a las personas para salir de ellas, o si no contribuyendo a que no caigan en ella.
Un bello sueño hecho realidad
Un largo camino de baches y lodo nos conduce al salón de belleza “Princesa Diana” ubicado en Busega, la zona peri-urbana de Kampala. Betty Nabakooza nos recibe con una amplia sonrisa mientras continua trabajando. Y no es para menos. Abrir un salón de belleza ha sido el sueño de toda la vida de Betty, sueño que se hizo realidad cuando abrió su negocio hace 10 años tras culminar sus estudios de belleza. Betty está casada y tiene dos hijos. Además se hace cargo de su sobrina huérfana quien estudia cosmetología y belleza. Su esposo, quien trabaja en una estación de gasolina, está muy orgulloso de ella. Con el correr del tiempo, Betty se ha hecho conocida por su profesionalismo. Debido al volumen de clientela, Betty ahora emplea dos muchachas quienes hacen sus prácticas en el salón por cuatro meses. Ambas también anhelan tener su propio salón.
El inicio de su relación con MED-Net le crea sentimentos encontrados. Su amiga, quien le aconsejó solicitar su primer microcrédito de un millón de UGX en 2008, falleció luego de unos meses de haberlo recibido. Con este préstamo, Betty pudo expandir su salón de belleza y ofrecer otros servicios. Mucho le hubiera gustado a Betty que su amiga pudiera ver cómo gracias a su consejo ella pudo desarrollar su negocio y terminar de construir su casa. Betty no puede esperar el momento en que finalmente pueda mudarse a su casa propia. Con su segundo microcrédito de un millón y medio de UGX, Betty piensa añadir otro ambiente al salón y abrir una barbería. Sus sueños ahora son sacar a adelante a sus dos hijos y a su sobrina y continuar expandiendo su negocio. Sabe que para eso puede contar con MED-Net. “Es el amor con el me tratan”, es la razón de Betty para seguir siendo clienta de MED-Net. “Yo pienso volver a MED-Net para obtener un crédito muchas, muchas, ¡muchísimas veces!”
El inicio de su relación con MED-Net le crea sentimentos encontrados. Su amiga, quien le aconsejó solicitar su primer microcrédito de un millón de UGX en 2008, falleció luego de unos meses de haberlo recibido. Con este préstamo, Betty pudo expandir su salón de belleza y ofrecer otros servicios. Mucho le hubiera gustado a Betty que su amiga pudiera ver cómo gracias a su consejo ella pudo desarrollar su negocio y terminar de construir su casa. Betty no puede esperar el momento en que finalmente pueda mudarse a su casa propia. Con su segundo microcrédito de un millón y medio de UGX, Betty piensa añadir otro ambiente al salón y abrir una barbería. Sus sueños ahora son sacar a adelante a sus dos hijos y a su sobrina y continuar expandiendo su negocio. Sabe que para eso puede contar con MED-Net. “Es el amor con el me tratan”, es la razón de Betty para seguir siendo clienta de MED-Net. “Yo pienso volver a MED-Net para obtener un crédito muchas, muchas, ¡muchísimas veces!”
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¿Quiénes se benefician de los microseguros?
Una fuerte lluvia marca nuestra llegada a las oficinas de Micro Enterprise Development Network (MED-Net). Caminando rápido pero con cuidado de no resbalar, llego a las escaleras que conducen a la sala de reuniones. Allí nos reciben Harriet Mulyanti, directora ejecutiva, y su joven equipo gerencial. “La gente pobre no quiere regalos, quiere oportunidades”, una frase que tantas veces repetimos, pero que al ser pronunciadas por Harriet adquieren mayor autoridad. Además de ofrecer diferentes formas de microcrédito, MED-Net fomenta la cultura del ahorro entre sus clientes ya sea de manera individual o en colectiva.
Los créditos de MED-Net tienen un microseguro, pero éste no sólo protege los intereses de la IMF, sino que les ayuda a cumplir su misión de llegar a poblaciones vulnerables y pobres como las personas viviendo con VIH/SIDA. “Su estatus no debe ser un obstáculo para recibir un crédito”, afirma Harriet. Gracias al microseguro estas personas acceden al crédito y pueden tener una actividad generadora de ingresos, lo que les permite sostener a su familia y seguir un tratamiento médico. Me sorprende de manera muy grata darme cuenta cómo un producto que aparentemente pudiera servir sólo a los intereses de la IMF, puede ser usado para contribuir a dar oportunidades a grupos vulnerables, como las personas viviendo con VIH/SIDA. Este grupo, doblemente vulnerable en el caso de tratarse de mujeres, tiene así una oportunidad de tener una vida digna a pesar del estigma y la incomprensión que sufren. Esto es gestión del desempeño social aplicado a las necesidades reales de una comunidad.
Los créditos de MED-Net tienen un microseguro, pero éste no sólo protege los intereses de la IMF, sino que les ayuda a cumplir su misión de llegar a poblaciones vulnerables y pobres como las personas viviendo con VIH/SIDA. “Su estatus no debe ser un obstáculo para recibir un crédito”, afirma Harriet. Gracias al microseguro estas personas acceden al crédito y pueden tener una actividad generadora de ingresos, lo que les permite sostener a su familia y seguir un tratamiento médico. Me sorprende de manera muy grata darme cuenta cómo un producto que aparentemente pudiera servir sólo a los intereses de la IMF, puede ser usado para contribuir a dar oportunidades a grupos vulnerables, como las personas viviendo con VIH/SIDA. Este grupo, doblemente vulnerable en el caso de tratarse de mujeres, tiene así una oportunidad de tener una vida digna a pesar del estigma y la incomprensión que sufren. Esto es gestión del desempeño social aplicado a las necesidades reales de una comunidad.
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Siempre se aprende algo nuevo
Fue una mañana interesante. Tras recorrer la nueva oficina de Oikocredit Uganda, tuvimos varias presentaciones sobre la oficina regional de África del Este y de país de Uganda y Kenia. Aprendí que en los próximos años se espera que las tasas de interés en Uganda irán bajando debido a la competencia creciente en el sector de microfinanzas. También aprendí que las microfinanzas contribuyen al empoderamiento de la mujer a diferentes niveles. En las IMFs, las mujeres juegan un rol importante, ya que en Uganda es común que sean mujeres quienes ocupen puestos en la alta gerencia o quienes hayan iniciado una IMF. Más del 60% son mujeres quienes mueven a una IMF, ya sea como oficiales de crédito o en posiciones estratégicas. En cuanto al acceso al crédito, las mujeres han sido tradicional e históricamente excluidas de la banca formal pues no tienen colaterales al no poseer tierras o tener propiedades. De allí que las microfinanzas les permiten acceder al crédito y otros servicios financieros. Las mujeres constituyen la gra mayoría de los llamados ‘no-banqueables’. Otra cosa curiosa: las mujeres están dispuestas a aceptar el pequeño monto que se otorga para un microcrédito inicial. Los hombres, en cambio, quieren recibir montos más grandes desde la primera vez. Las microfinanzas se basan en el incremento gradual del monto de crédito según cómo la microempresa vaya creciendo. Es un trabajo lento, continuo y ardo que busca dar cimientos fuertes al fortalecimiento económico de las personas, con miras a su desarrollo. “Queremos asociarnos con gente e instituciones que compartan nuestra misión y se preocupen por los pobres”, dijo Judy Ngarachu, directora regional de la region de África Occidental; a lo que Edith Tusuubira gerente de país de Uganda, añadió, “Lo importante es que podamos estar seguros que estos socios invierten en las personas”.
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