martes, 2 de marzo de 2010

Los niños del pueblo

Eran casi las 10 am cuando partimos hacia Fort Portal. El Grupo 1 estaba compuesto por Linde (Alemania), Marianne (Holanda), Don (Canadá), Matthias (Alemania), Judy (Kenia), Jessica (Uganda) y yo. No había pasado mucho desde que habíamos entrado a la carretera asfaltada cuando el motor del auto empezó a hacer un ruido extraño. El ventilador no funcionaba. El chofer se puso a manejar y de rato en rato paraba porque el motor recalentaba. Así llegamos a un pueblito sin nombre donde esperaríamos al mecánico.

Estaba pensando cómo iba a matar el tiempo, cuando vi a un grupo de niños del pueblo entre dos a cuatro años quienes se acercaron a donde nos habíamos sentado para escapar de sol. “¡Mzungu, mzungu!”, gritaban señalándonos (mzungu=gente blanca). Al verles de cerca me di cara a cara con la pobreza extrema que vive en estas zonas rurales. Algunos llevaban chaquetas de invierno que claramente les habían sido entregadas por alguna organización caritativa. Muchos no llevaban zapatitos y sus cuerpitos tenían las huellas de diversas enfermedades, como malnutrición e infecciones, que se podrían curar con medicinas generales básicas. A pesar de esto, sus ojos brillantes llevaban la inocencia propias de su edad. Los cuida una de las madres para que otras puedan trabajar en sus huertas. Sacamos las galletas (stroopwaffels!) que habíamos traído de Holanda y las partimos para convidarles. Tímidos al comienzo, luego se acercaron para recibirlas. Con qué avidez las comían. Poco a poco, unas sonrisitas aparecieron en sus rostros y empezaron a cantar para agradecernos batiendo sus pequeñas manitos. Qué risa les daba mirarse luego en el vídeo que Don había filmado o ver las fotos tomadas por Linde. Me puse a pensar entonces en que aún hay mucho por hacer para combatir la pobreza y la injusticia social que lleva a que existan estas brechas entre los pocos que tienen hasta de sobra y los muchos que no tienen nada. Ante esto no podemos quedarnos de brazos cruzados. Si bien una no puede cambiar el mundo por sí sola, juntos podemos lograrlo. Espero que cuando estos niños lleguen a adultos, tengan oportunidades para que sus hijos no sufran lo que ellos vivieron. Y aquellos que sean portadores del VIH (según nos dijeron), puedan recibir tratamientos que les permitan tener una vida digna. Hay que seguir invirtiendo en las personas.

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